Cuando todo parecía perdido y las esperanzas eran mínimas, saqué toda la fuerza que me quedaba y conseguí seguir viviendo al máximo. Vivía en Portugal, tenía una carrera exitosa y planes de futuro, cuando la enfermedad apareció sin aviso. Tres cirugías salvaron mi vida, pero perdí casi todo: trabajo, relación sentimental, planes y movilidad.
A pesar de las graves secuelas físicas, como la pérdida de equilibrio, mi espíritu de esquiador prevaleció para luchar. Tras años de rehabilitación, y contra todo pronóstico médico, volvería a esquiar, descendiendo desde la cima del Baciver.